de una vez; pero este no es el caso. Es un compromiso que en ciertos aspectos no ha comenzado de manera próspera, pues su matrimonio debe quedar a una distancia muy incierta; e incluso la discreción, en la medida en que pueda guardarse, puede ser muy aconsejable ahora.
Fueron interrumpidas por la entrada de Margaret; y Elinor quedó entonces en libertad de meditar sobre las reflexiones de su madre, de reconocer la probabilidad de muchas y de esperar la justicia de todas.
No vieron nada de Marianne hasta la hora de la comida, cuando entró en la habitación y ocupó su lugar en la mesa sin decir una palabra.
Tenía los ojos rojos e hinchados; y parecía como si sus lágrimas aún en ese momento fueran contenidas con dificultad. Evitó las miradas de todos, no pudo comer ni hablar, y al cabo de un rato, al presionarle su madre la mano en silencio con tierna compasión, su escasa fortaleza quedó totalmente vencida, rompió a llorar y salió de la habitación.
Esta violenta opresión de espíritu continuó toda la noche. Estaba totalmente desprovista de poder, porque carecía de todo deseo de dominio sobre sí misma. La más mínima mención de cualquier cosa relacionada con Willoughby la abrumaba en un instante; y aunque su familia estaba sumamente atenta a su bienestar, les era imposible, si hablaban en absoluto, mantenerse al margen de cualquier tema que sus sentimientos relacionaran con él.