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nydus/Sense and SensibilityPublic
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XVII

—Marianne es tan firme como siempre, ya ves —dijo Elinor—; no ha cambiado en absoluto.

“Ella solo se ha vuelto un poco más seria de lo que era”.

—No, Edward —dijo Marianne—, no es necesario que me reproches. Tú tampoco eres muy alegre que digamos.

“¡Por qué iba usted a pensar tal cosa! —replicó él con un suspiro—. Pero la alegría nunca ha formado parte de mi carácter”.

—Tampoco creo que sea propio de Marianne —dijo Elinor—; difícilmente la calificaría de muchacha alegre; es muy vehemente, muy entusiasta en todo lo que hace; a veces habla mucho y siempre con animación, pero no suele estar verdaderamente jovial.

—Creo que tienes razón —replicó—, y, sin embargo, siempre la he tenido por una muchacha alegre.

—Con frecuencia me he descubierto a mí misma en ese tipo de errores —dijo Elinor—, en una total equivocación de carácter en uno u otro aspecto: imaginando a la gente mucho más alegre o seria, o ingeniosa o estúpida de lo que en realidad es, y apenas puedo decir por qué o en qué se originó el engaño. A veces uno se deja guiar por lo que ellos mismos dicen de sí mismos, y muy frecuentemente por lo que los demás dicen de ellos, sin darse tiempo para meditar y juzgar.

“Pero yo creía que era lo correcto, Elinor —dijo Marianne—, dejarse guiar por completo por la opinión de los demás. Creía que nuestro juicio se nos había dado meramente para subordinarlo al de los vecinos. Ésta ha sido siempre tu doctrina, estoy segura”.

—No, Marianne, jamás. Mi doctrina nunca ha tenido como objetivo la sumisión del entendimiento. Todo lo que siempre he intentado influir ha sido el comportamiento. No debes confundir mi intención. Soy

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