—Pero no debe ir rodeando por Londres —exclamó Marianne, con el mismo tono apresurado—. Nunca la veré si pasa por Londres.
Elinor percibió con alarma que no estaba muy en sí, y, mientras intentaba calmarla, le tomó ansiosa el pulso. Estaba más débil y acelerado que nunca.
Y como Marianne seguía delirando acerca de mamá, su alarma creció tan rápidamente que decidió mandar a buscar al instante al señor Harris y enviar un mensajero a Barton en busca de su madre.
Consultar con el coronel Brandon sobre el mejor modo de llevar a cabo lo segundo fue un pensamiento que siguió inmediatamente a la decisión de realizarlo; y tan pronto como hubo llamado a la doncella para que ocupara su lugar junto a su hermana, bajó apresuradamente al salón, donde sabía que él solía encontrarse a una hora mucho más tardía que la actual.