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nydus/Sense and SensibilityPublic
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XXI

la tarea de decir mentiras cuando la cortesía lo exigía. Hizo lo mejor que pudo cuando se vio en tal tesitura, hablando de lady Middleton con más entusiasmo del que sentía, aunque con mucho menos que la señorita Lucy.

—¡Y sir John también! —exclamó la hermana mayor—, ¡qué hombre tan encantador es!

Aquí también, la alabanza de la señorita Dashwood, por ser meramente sencilla y justa, pasó sin ningún aspaviento. Ella se limitó a observar que él era sumamente bondadoso y cordial.

“¡Y qué pequeña familia tan encantadora tienen! Jamás he visto niños tan hermosos en mi vida. ¡Te juro que ya los adoro por completo, y la verdad es que siempre me han vuelto loca los niños!”

—Supongo que sí —dijo Elinor, con una sonrisa—, por lo que he presenciado esta mañana.

—Tengo la impresión —dijo Lucy— de que a usted los pequeños Middleton le parecen demasiado consentidos; tal vez sean un poco insoportables, pero es tan natural en Lady Middleton; y, por mi parte, me encanta ver a los niños llenos de vida y energía; no los soporto si son mansos y callados.

—Confieso —respondió Elinor— que, mientras estoy en Barton Park, nunca pienso en los niños mansos y tranquilos con ninguna clase de aborrecimiento.

A esta intervención siguió una breve pausa, que fue rota en primer lugar por la señorita Steele, quien parecía muy dispuesta a la conversación y que ahora dijo un tanto abruptamente: —¿Y cómo le gusta Devonshire, señorita Dashwood? Supongo que le habrán dado mucha pena las despedidas en Sussex.

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