en el retiro de Barton, donde bien podría obligarlo a presentarse ante ella al hacer aquella visita a Allenham con motivo de su matrimonio, la cual la señora Dashwood, tras preverla al principio como un acontecimiento probable, había llegado a esperar como uno seguro.
Tenía una razón más para desear que sus hijos permanecieran donde estaban; una carta de su yerno le había anunciado que él y su esposa estarían en la ciudad antes de mediados de febrero, y consideraba oportuno que de vez en cuando vieran a su hermano.
Marianne había prometido dejarse guiar por la opinión de su madre, por lo que se sometió a ella sin oposición, aunque resultó ser completamente distinta de lo que deseaba y esperaba, aunque sentía que era del todo errónea, basada en falsos motivos, y que al exigirle que prolongara su estancia en Londres la privaba del único consuelo posible para su desgracia, la simpatía personal de su madre, y la condenaba a una compañía