Entre Barton y Delaford existía esa comunicación constante que el fuerte afecto familiar dictaría de forma natural; y entre los méritos y la felicidad de Elinor y Marianne, no ha de considerarse como el menor el hecho de que, aunque hermanas y viviendo casi a la vista la una de la otra, podían vivir sin desacuerdos entre ellas ni producir frialdad alguna entre sus maridos.
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Capítulo L
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