Descubría que la había inducido a error la prudente y considerada atención de su hija, haciéndole pensar que el afecto, que en otro tiempo tan bien había comprendido, era en realidad mucho más leve de lo que solía creer, o de lo que ahora se demostraba. Temía que, bajo esa persuasión, hubiera sido injusta, poco atenta, más bien casi desconsiderada con su Elinor; que el sufrimiento de Marianne, por ser más reconocido, por estar más inmediatamente ante sus ojos, había acaparado demasiado su ternura y la había llevado a olvidar que en Elinor podía tener una hija que sufría casi tanto, ciertamente con menor provocación propia y mayor fortaleza.
Table of Contents
XLVII
430