¡Pobre Elinor!—¡he aquí un nuevo plan para llevarla a Delaford!—, pero su espíritu era terco.
¡Su fortuna también!—porque a mi edad ya sabe usted que todo el mundo se interesa por eso;—y aunque ni sé ni deseo saber cuál es en realidad, estoy segura de que debe de ser cuantiosa.
Aquí fueron interrumpidos por la entrada de una tercera persona, y Elinor se retiró para pensarlo todo en privado, para desearle éxito a su amiga y, sin embargo, al desearlo, sentir una punzada por Willoughby.