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nydus/Sense and SensibilityPublic
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XLVII

consternada al advertir por el rostro de Elinor cuánto sufría en realidad y, un instante después, igualmente afligida por la situación de Marianne, no supo a cuál de sus hijas dedicarle su principal atención.

El criado, que solo vio que la señorita Marianne se había puesto mala, tuvo el tino de llamar a una de las sirvientas, la cual, con la ayuda de la señora Dashwood, la sostuvo para llevarla a la otra habitación.

Para entonces, Marianne estaba algo mejor, y su madre, dejándola al cuidado de Margaret y de la criada, volvió con Elinor, quien, aunque todavía muy alterada, había recuperado en tal medida el uso de la razón y de la voz que estaba empezando a preguntarle a Thomas sobre el origen de su noticia.

La señora Dashwood asumió inmediatamente toda esa molestia; y Elinor obtuvo el beneficio de la información sin el esfuerzo de buscarla.

—¿Quién le ha dicho que el señor Ferrars está casado, Thomas?

—Yo misma veo al señor Ferrars, señora, esta mañana en Exeter, y a su señora también, la que era la señorita Steele. Estaban parados en un carruaje a la puerta de la posada New London, cuando fui allí con un recado de Sally, la del Parque, para su hermano, que es uno de los postillones.

Me dio por mirar hacia arriba al pasar junto al carruaje, y así vi de inmediato que era la menor de las señoritas Steele; así que me quité el sombrero, y ella me reconoció y me llamó, y preguntó por usted, señora, y por las señoritas, en especial por la señorita Marianne, y me encargó que le diera sus recuerdos y los del señor Ferrars, sus más atentos recuerdos y saludos, y que cuánto sentían no haber tenido tiempo de venir a verla, pero que iban con muchísima prisa para seguir adelante, pues iban más abajo por un poco de tiempo, pero que de todos modos, cuando volvieran, no dejarían de venir a verla.

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