Con cierta sorpresa ante la familiaridad de esta pregunta, o al menos ante el tono en que había sido formulada, Elinor respondió que sí.
—Norland es un lugar prodigiosamente hermoso, ¿no es verdad? —añadió la señorita Steele.
—Hemos oído a sir John admirarlo muchísimo —dijo Lucy, que parecía considerar necesaria alguna disculpa por la franqueza de su hermana.
—Creo que todo el mundo debe de admirarla —respondió Elinor—, quienquiera que haya visto el lugar; aunque no ha de suponerse que nadie pueda apreciar sus bellezas como nosotras.
—¿Y había allí muchos galanes elegantes? Supongo que no tendrán tantos en esta parte del mundo; por mi parte, creo que siempre son un gran añadido.
—Pero ¿por qué habías de pensar —dijo Lucy, avergonzándose de su hermana— que en Devonshire no hay tantos jóvenes distinguidos como en Sussex?
—Pues, hija mía, bien sabe Dios que no pretendo decir que no los