Sir John no podía hacer más; pero no sabía que se exigiera nada más: estar juntas era, en su opinión, ser íntimas, y mientras sus continuos planes para que se reunieran daban fruto, no cabía duda en su cabeza de que eran amigas afianzadas.
Para hacerle justicia, él hizo cuanto estuvo en su mano para fomentar su confianza, poniendo a las señoritas Steele al corriente de todo cuanto sabía o suponía sobre las situaciones de sus primas en sus detalles más delicados; y Elinor no las había visto más de dos veces, cuando la mayor de ellas ya la felicitaba por la suerte que había tenido su hermana al conquistar a un galán muy apuesto desde su llegada a Barton.
—Seguro que será una gran cosa verla casada tan joven —dijo ella—, y he oído decir que es todo un galán, y extraordinariamente apuesto. Y espero que tú misma tengas tanta suerte pronto; pero, tal vez, ya tengas algún pajarito en el alambre.
Elinor no podía suponer que sir John fuera a ser más delicado al proclamar sus sospechas sobre el afecto