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nydus/Sense and SensibilityPublic
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Capítulo X

Su madre también, en cuya mente no se había albergado ni un solo pensamiento especulativo sobre el matrimonio de ellos a causa de sus perspectivas de riqueza, fue llevada antes de que terminara una semana a albergar esperanzas y expectativas al respecto; y a felicitarse en secreto por haber conseguido dos yernos como Edward y Willoughby.

La parcialidad del coronel Brandon hacia Marianne, que sus amigos habían descubierto tan pronto, solo empezó a ser perceptible para Elinor en el momento en que ellos dejaron de notarla. Su atención y sus chistes se desviaban ahora hacia su rival más afortunado, y las burlas que el primero había sufrido antes de que surgiera ningún afecto desaparecieron cuando sus sentimientos empezaron de verdad a merecer el escarnio que con tanta justicia se le achaca a la sensibilidad. Elinor tuvo que creer, aunque de mala gana, que los sentimientos que la señora Jennings le había atribuido para su propia satisfacción eran ahora los que su hermana despertaba en realidad; y que, por mucho que una semejanza general de carácter entre ambos pudiera favorecer el afecto del señor Willoughby, una oposición igualmente llamativa de temperamentos no suponía ningún obstáculo para la estima del coronel Brandon. Lo vio con preocupación; pues ¿qué podía esperar un hombre callado de treinta y cinco años al enfrentarse a uno muy animado de veinticinco? Y como ni siquiera podía desearle éxito, le deseaba de todo corazón indiferencia. Él le caía bien; a pesar de su gravedad y reserva, veía en él un motivo de interés. Sus modales, aunque serios, eran suaves; y su reserva parecía más bien el resultado de cierta opresión anímica que de cualquier melancolía natural en su carácter. Sir John había soltado insinuaciones sobre agravios y desengaños pasados que justificaban su creción de que era un hombre desgraciado, y ella lo contemplaba con respeto y compasión.

Tal vez ella le tenía tanta más compasión y estima por haber sido despreciado por Willoughby y Marianne, quienes, prejuzgándolo por no ser ni animado ni joven, parecían decididos a menoscabar sus méritos.

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