Elinor no sacó de esta conversación ningún sentimiento reconfortante que mitigara la inquietud de su mente en otros aspectos; le quedó, por el contrario, una melancólica impresión de la infelicidad del coronel Brandon, y su propia ansiedad por el mismo acontecimiento que debía confirmarla le impidió incluso desear que esta se disipara.
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Capítulo XXVII
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