CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Sense and SensibilityPublic
Página 127 de 462
Table of Contents

XIX

Pero, desafortunadamente, mi propia exquisitez, y la exquisitez de mis amigos, me han hecho lo que soy: un ser ocioso e impotente. Jamás pudimos ponernos de acuerdo en la elección de una profesión. Yo siempre preferí la Iglesia, como sigo haciendo. Pero eso no era lo bastante elegante para mi familia. Ellos me recomendaron el ejército. Eso era muchísimo más elegante de lo que me convenía. Se admitía que la abogacía era lo suficientemente distinguida; muchos jóvenes, que tenían aposentos en el Temple, daban muy buena impresión en los círculos de la alta sociedad y se paseaban por la ciudad en calesas de lo más elegantes. Pero yo no tenía ninguna inclinación por la ley, ni siquiera por este estudio menos abstruso de la misma que mi familia aprobaba. En cuanto a la marina, tenía la moda de su parte, pero yo era demasiado mayor cuando se planteó el tema por primera vez para ingresar en ella; y, a fin de cuentas, como no había necesidad de que tuviera profesión alguna, ya que podía ser tan ostentoso y gastador sin una casaca roja puesta como con ella, se decretó en suma que la ociosidad era lo más ventajoso y honorable, y por lo general un joven de dieciocho años no está tan empeñado en estar ocupado como para resistirse a las súplicas de sus amigos de no hacer nada. Por lo tanto, fui matriculado en Oxford y he estado debidamente ocioso desde entonces.

—La consecuencia de lo cual, supongo, será —dijo la señora Dashwood—, ya que el ocio no ha promovido vuestra propia felicidad, que vuestros hijos sean educados para tantas ocupaciones, empleos, profesiones y oficios como los de Columela.

—Se les educará —dijo con acento grave— para que se parezcan a mí lo menos posible. En sentimientos, en actos, en condición, en todo.

127