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nydus/Sense and SensibilityPublic
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Capítulo XLVI

hermana, y las lágrimas cubrían sus mejillas.

Elinor, temiendo que se cansara, la condujo hacia la casa; y hasta que llegaron a la puerta de la cabaña, adivinando fácilmente cuál debía ser su curiosidad aunque no se le permitiera manifestarse en ninguna pregunta, no habló de otra cosa que de Willoughby y de la conversación que habían tenido; y fue cuidadosamente minuciosa en cada detalle de sus palabras y miradas, allí donde se pudo permitir la minuciosidad sin riesgo.

Tan pronto como entraron en la casa, Marianne, con un beso de agradecimiento y estas dos palabras apenas articuladas entre lágrimas: «Díselo a mamá», se apartó de su hermana y subió lentamente las escaleras.

Elinor no quiso intentar perturbar una soledad tan razonable como la que aquella buscaba ahora; y con el ánimo previendo con ansiedad el desenlace, y con el propósito de volver a sacar el tema si Marianne no lo hacía, entró en el saloncito para cumplir el encargo con el que se había despedida.

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