honrosamente liberado de su anterior compromiso, al verlo aprovechar al instante esa libertad para dirigirse a ella y declararle un afecto tan tierno y constante como siempre había supuesto—, se sintió abrumada, superada por su propia felicidad; y por muy dispuesta que esté la mente humana a familiarizarse fácilmente con cualquier cambio a mejor, le llevó varias horas devolver la serenidad a su espíritu y un cierto grado de tranquilidad a su corazón.
Edward se hallaba ahora instalado en la cabaña al menos por una semana; pues, por muchas que fueran las demás exigencias que se le presentaran, era imposible que se dedicaran menos de siete días a disfrutar de la compañía de Elinor, o que bastaran para decir la mitad de lo que había que decir sobre el pasado, el presente y el futuro; porque, aunque unas pocas horas dedicadas a la ardua labor de una charla incesante despachan más temas de los que en realidad pueden tener en común dos criaturas racionales, con los enamorados ocurre