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nydus/Sense and SensibilityPublic
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Capítulo XXVII

“Y ahora —conjeturó Elinor en silencio—, escribirá a Combe en el correo de hoy”.

Pero si lo había hecho, la carta fue escrita y enviada con una reserva que burlaba toda su vigilancia para cerciorarse del hecho. Fuera cual fuese la verdad del asunto, y por muy lejos que estuviera Elinor de sentirse plenamente satisfecha al respecto, mientras viera a Marianne animada, ella misma no podía estar muy desdichada. Y Marianne estaba animada; feliz con la benignidad del tiempo, y aún más feliz ante su expectativa de una helada.

La mañana se empleó principalmente en dejar tarjetas en las casas de las amistades de la señora Jennings para informarles de su llegada a la ciudad; y Marianne estuvo todo el tiempo ocupada en observar la dirección del viento, vigilar las variaciones del cielo e imaginar una alteración en el aire.

—¿No encuentras que hace más frío que por la mañana, Elinor? Me parece que hay una diferencia muy notable. Apenas puedo mantener las manos calientes ni siquiera dentro del manguito. Ayer no era así, creo. Las nubes también parecen abrirse, el sol saldrá en un momento y tendremos una tarde despejada.

Elinor se sentía alternativamente divertida y dolorida; pero Marianne perseveraba, y veía cada noche en el brillo del fuego, y cada mañana en el aspecto de la atmósfera, los indicios seguros de una helada inminente.

Las señoritas Dashwood no tenían mayor motivo para estar descontentas con el estilo de vida de la señora Jennings ni con su círculo de amistades, como tampoco con el trato que les dispensaba, el cual era invariablemente amable. Todo en la organización de su casa se llevaba a cabo de la manera más generosa y, con la excepción de unos pocos amigos de la City a quienes, para pesar de Lady Middleton, nunca había dejado de ver, no visitaba a

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