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nydus/Sense and SensibilityPublic
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Capítulo L

Se instalaron en la ciudad, recibieron una ayuda muy generosa de la señora Ferrars, entablaron la mejor relación imaginable con los Dashwood y, dejando a un lado los celos y la animadversión que existían continuamente entre Fanny y Lucy —en los que sus respectivos maridos participaban, por supuesto—, así como los frecuentes desacuerdos domésticos entre el propio Robert y Lucy, nada podía superar la armonía con la que todos vivían juntos.

Lo que Edward había hecho para perder el derecho de primogénito habría dejado perplejas a muchas personas; y lo que Robert había hecho para sucederle en él las habría dejado todavía más. Era, sin embargo, un acuerdo justificado en sus efectos, si no en su causa; pues en el estilo de vida o de conversación de Robert jamás apareció nada que diera pie a sospechar que lamentaba la cuantía de sus ingresos, ya fuera por dejar a su hermano demasiado poco o por reportarle a él demasiado; —y si se podía juzgar a Edward por el puntual cumplimiento de su deber en todos los sentidos, por un apego creciente a su esposa y a su hogar, y

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