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nydus/Sense and SensibilityPublic
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XXXVI

Su presencia era un freno tanto para ella como para Lucy. Contenía la ociosidad de la una y los asuntos de la otra. Lady Middleton se avergonzaba de no hacer nada ante ellos, y temía que despreciaran a Lucy por ofrecer los halagos que ella se enorgullecía de idear y prodigar en otros momentos.

La señorita Steele era la menos turbada de las tres por su presencia, y estaba en manos de ellos reconciliarla por completo con la misma situación. Si tan solo alguna le hubiera dado un relato pormenorizado y minucioso de todo el asunto entre Marianne y el señor Willoughby, se habría considerad amparablemente recompensada por el sacrificio del mejor sitio junto al fuego después de cenar, que la llegada de ellos había ocasionado.

Pero no se le concedió tal desagravio; pues aunque a menudo lanzaba a Elinor expresiones de piedad hacia su hermana, y más de una vez soltaba alguna reflexión sobre la inconstancia de los galanes ante Marianne, no lograba más efecto que una mirada de indiferencia de la primera, o de repugnancia en la segunda.

Un esfuerzo aún más leve la habría hecho su amiga. ¡Si tan solo se hubieran reído de ella a cuenta del doctor! Pero tan poco dispuestas estaban ellas, al igual que los demás, a complacerla, que si Sir John comía fuera de casa, ella podía pasar un día entero sin escuchar otra pulla sobre el tema que la que ella misma tenía la amabilidad de dedicarse.

Sin embargo, todos estos celos y descontentos eran tan totalmente insospechados por la señora Jennings, que le parecía algo maravilloso que las jóvenes estuvieran juntas; y por lo general felicitaba a sus jóvenes amigas todas las noches por haber escapado tanto tiempo de la compañía de una vieja estúpida. Se reunía con ellas a veces en casa de Sir John, a veces en la suya propia; pero fuera donde fuese, siempre llegaba de excelente humor, llena de

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