Esta última, aunque incapaz de hablar, pareció sentir toda la ternura de aquel gesto y, tras un buen rato transcurrido así en el dolor compartido, puso todas las cartas en manos de Elinor; y luego, cubriéndose la cara con el pañuelo, sollozó casi a gritos por la agonía. Elinor, que sabía que semejante dolor, por espantoso que fuera de presenciar, tenía que seguir su curso, veló junto a ella hasta que este exceso de sufrimiento amainó un poco y, volviéndose entonces con impaciencia hacia la carta de Willoughby, leyó lo siguiente:
“Bond Street, enero. “Mi estimada señora: “Acabo de tener el honor de recibir su carta, por la cual le ruego que acepte mi más sincero agradecimiento. Siento mucho enterarme de que hubo algo en mi comportamiento de anoche que no mereció su aprobación; y aunque no alcanzo a descubrir en qué punto pude ser tan desafortunado como para ofenderla, le supliqué que me perdone lo que, se lo aseguro, fue completamente involuntario. Nunca recordaré mi anterior relación con su familia en Devonshire sin el más agardecido placer, y confieso que me halaga pensar que esta no se verá rota por ningún malentendido o falsa interpretación de mis actos. Mi estima por toda su familia es muy sincera; pero si he tenido la desgracia de dar pie a la creencia de algo más de lo que sentía, o pretendía expresar, me reprocharé el no haber sido más cauto en mis manifestaciones de dicha estima. Que jamás pude tener otra intención, convendrá usted en que es imposible cuando comprenda que mis afectos han estado comprometidos desde hace tiempo en otra parte, y creo