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nydus/Sense and SensibilityPublic
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XXXVI

Con semejante estímulo fue despedida en esta ocasión, camino del carruaje de su hermano, al que se dispusieron a subir cinco minutos después de que este se detuviera ante la puerta; una puntualidad poco grata para su cuñada, que los había precedido en la casa de su conocida y esperaba allí algún retraso por parte de ellos que pudiera incomodar tanto a ella misma como a su cochero.

Los acontecimientos de esta noche no fueron muy notables. La reunión, como otras reuniones musicales, comprendía a muchísima gente que tenía verdadero gusto por la interpretación, y a muchísima más que no tenía ninguno en absoluto; y los propios intérpretes eran, como de costumbre, según su propia estimación y la de sus amigos más cercanos, los mejores músicos aficionados de Inglaterra.

Como Elinor ni era música, ni pretendía serlo, no tuvo ningún reparo en apartar los ojos del gran piano, siempre que le apetecía, y sin dejarse cohibir ni siquiera por la presencia de un arpa y un violonchelo, los fijaba a su antojo en cualquier otro objeto de la habitación.

En una de estas miradas errantes distinguió entre un grupo de jóvenes al mismísimo sujeto que les había dado una conferencia sobre palilleros en Gray’s. Poco después lo vio mirándola a ella y hablándole con familiaridad a su hermano; y acababa de decidir averiguar su nombre por medio de este último, cuando ambos se acercaron a ella y el señor Dashwood se lo presentó como el señor Robert Ferrars.

Él se dirigió a ella con desenfadada cortesía, y torció la cabeza en una reverencia que le aseguró tan claramente como lo habrían hecho las palabras, que era exactamente el petimetre que Lucy le había descrito. ¡Feliz habría sido para ella si su afecto por Edward hubiera dependido menos del mérito de este que del de sus parientes más cercanos! Pues

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