CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Sense and SensibilityPublic
Página 251 de 462
Table of Contents

Capítulo XXXI

Hace ahora tres años (acababa de cumplir los catorce), la saqué del colegio para ponerla bajo el cuidado de una mujer muy respetable que vivía en Dorsetshire, la cual tenía a su cargo a otras cuatro o cinco niñas de más o menos la misma edad; y durante dos años tuve todos los motivos para estar satisfecho con su situación. Pero el pasado mes de febrero, hace casi un año, desapareció repentinamente. Yo le había permitido (imprudentemente, según ha resultado ser después), ante su insistente deseo, ir a Bath con una de sus jóvenes amigas, que acompañaba allí a su padre por motivos de salud. Sabía que él era un hombre muy formal y tenía un buen concepto de su hija⁠—mejor de lo que merecía, pues, con un hermetismo de lo más obstinado e injustificado, no quiso decir nada, no dio ninguna pista, aunque sin duda lo sabía todo. Él, su padre, un hombre bien intencionado, pero no muy perspicaz, creo que realmente no pudo dar ninguna información; ya que por lo general había estado confinado en la casa, mientras las chicas correteaban por la ciudad y hacían las amistades que les placía; e intentó convencerme, tan convencido estaba él mismo, de que su hija era totalmente ajena al asunto. En resumen, no pude averiguar nada más que se había marchado; todo lo demás, durante ocho largos meses, se dejó a la conjetura. Lo que pensé, lo que temí, puede imaginarse; y lo que sufrí también.

—¡Dios mío! —exclamó Elinor—, ¿podría ser... podría ser Willoughby?

—Las primeras noticias que tuve de ella —continuó— llegaron en una carta de ella misma, en octubre pasado. Me la reenviaron desde Delaford, y la recibí la misma mañana de nuestra proyectada excursión a Whitwell; y ese fue el motivo de mi marcha tan repentina de Barton, la cual estoy seguro de que a todos debió de parecerles extraña en su momento, y creo que a algunos les causó ofensa.

251