sinceridad.
—Si eso es todo, ya puede darse por satisfecho; porque Marianne así lo hace, hace mucho que le ha perdonado.
—¿De verdad? —exclamó con el mismo tono anhelante—. Entonces me ha perdonado antes de lo que debía haberlo hecho. Pero volverá a perdonarme, y sobre bases más razonables. ¿Me va a escuchar ahora?
Elinor inclinó la cabeza en señal de asentimiento.
—No sé —dijo él, tras una pausa de expectación por parte de ella y de meditación por la suya—, cómo habrá interpretado usted mi comportamiento hacia su hermana, ni qué diabólico motivo habrá podido atribuirme. Quizá no tenga un concepto mucho mejor de mí después de esto; sin embargo, vale la pena intentarlo y va a escucharlo todo. Cuando comencé a frecuentar su familia, no tenía otra intención ni otra mira en esa relación que pasar el tiempo agradablemente mientras estuviera obligado a permanecer en Devonshire, más agradablemente de lo que lo había hecho nunca antes. El hermoso físico de