ido al campo, a no sé dónde; y cómo se había quedado por ahí en una posada todo el jueves y el viernes, con el único propósito de sobreponerse a aquello. Y después de pensarlo una y otra vez, según dijo, le parecía que, ahora que no tenía fortuna, ni absolutamente nada, sería bastante desconsiderado mantenerla atada al compromiso, porque eso forzosamente redundaría en perjuicio de ella, ya que él no tenía más que dos mil libras y ninguna esperanza de otra cosa; y si llegaba a ordenarse, como tenía pensado, no conseguiría más que un curato, ¿y cómo iban a vivir de eso? No podía soportar la idea de que a ella le fuera peor, por lo que le rogaba, si tenía la menor intención de hacerlo, que pusiera fin al asunto de inmediato y lo dejara arreglárselas por sí mismo. Le oí decir todo esto tan claro como es posible. Y fue exclusivamente por el bien de ella, y por cuenta de ella, que dijo una sola palabra acerca de romper, y no por la suya propia. Pongo las manos en el fuego a que jamás soltó una sola sílaba sobre estar cansado de ella, ni sobre desear casarse con la señorita Morton, ni nada que se
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