una habitación en esta cabaña que dé cabida a diez parejas, ¿y dónde estará la cena?». Inmediatamente vi que no podía haber ninguna dificultad en ello, así que dije: «Mi querida Lady Elliott, no se inquiete. El comedor admitirá dieciocho parejas con facilidad; las mesas de juego pueden colocarse en el salón; la biblioteca puede abrirse para el té y otros refrigerios, y que la cena se sirva en el salón de baile». Lady Elliott quedó encantada con la idea. Medimos el comedor y descubrimos que cabrían exactamente dieciocho parejas, y el asunto se organizó exactamente según mi plan. De modo que, de hecho, como veis, si la gente tan solo sabe cómo ponerse a ello, se puede disfrutar de toda la comodidad en una cabaña tanto como en la más espaciosa de las
Elinor estuvo de acuerdo en todo, pues no creía que él mereciera el cumplido de una oposición racional.
Como John Dashwood no tenía más agrado por la música que su hermana mayor, su mente tenía la misma libertad para fijarse en cualquier otra cosa; y durante la velada se le ocurrió un pensamiento, que comunicó a su mujer, para su aprobación, al llegar a casa.
La consideración del error de la señora Dennison, al suponer que sus hermanas eran huéspedes suyas, le había sugerido la conveniencia de invitarlas a serlo realmente, mientras los compromisos de la señora Jennings la mantuvieran fuera de casa.
El gasto no sería nada, la incomodidad tampoco mayor; y era en conjunto una atención que la delicadeza de su conciencia señalaba como necesaria para su completa liberación de la promesa hecha a su padre. Fanny se sobresaltó ante la propuesta.