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nydus/Sense and SensibilityPublic
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XXVIII

Nada ocurrió durante los tres o cuatro días siguientes que hiciera que Elinor se arrepintiera de lo que había hecho al dirigirse a su madre; pues Willoughby ni vino ni escribió.

Por entonces estaban comprometidas a acompañar a Lady Middleton a una reunión, de la que la señora Jennings se vio pri­vada por la indisposición de su hija menor; y para esta reunión, Marianne, totalmente desanimada, descuidada en su aspecto y pareciendo igualmente indiferente a si iba o se quedaba, se preparó sin una sola mirada de esperanza ni una sola expresión de placer.

Se sentó junto al fuego del salón después del té, hasta el momento de la llegada de Lady Middleton, sin moverse ni una sola vez de su asiento ni alterar su postura, perdida en sus propios pensamientos e insensible a la presencia de su hermana; y cuando por fin les avisaron de que Lady Middleton las esperaba en la puerta, se estremeció como si hubiera olvidado que se esperaba a alguien.

Llegaron a su debido tiempo al lugar de destino y, tan pronto como la fila de carruajes que tenían delante se lo permitió, bajaron, subieron las escaleras, oyeron sus nombres anunciados de un piso a otro en voz alta y entraron en una sala espléndidamente iluminada, abarrotada de gente e insoportablemente calurosa. Cuando hubieron cumplido con el tributo de cortesía haciendo una reverencia a la dueña de la casa, se les permitió mezclarse entre la multitud y tomar su parte del calor y las incomodidades, a las que su llegada necesariamente contribuía. Tras un buen rato empleado en hablar poco o hacer menos, Lady Middleton se sentó a jugar al Casino y, como Marianne no tenía ánimos

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