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nydus/Sense and SensibilityPublic
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Capítulo XXXII

Largas cartas suyas, que se sucedían con rapidez, llegaron para contar todo lo que sufría y pensaba; para expresar su profunda solicitud por Marianne y suplicarle que soportara con fortaleza esta desgracia. ¡Muy mala debía ser la naturaleza del sufrimiento de Marianne cuando su madre podía hablar de fortaleza! ¡Mortificante y humillante debía ser el origen de aquellos pesares que le pedía que no se permitiera abrigar!

En contra del interés de su propia comodidad personal, la señora Dashwood había decidido que para Marianne sería mejor estar en cualquier parte, en aquel momento, que en Barton, donde todo cuanto tuviera ante la vista le devolvería el pasado de la manera más intensa y dolorosa, al presentarle constantemente a Willoughby tal como siempre lo había visto allí.

Les recomendó a sus hijas, por lo tanto, que de ningún modo acortaran su visita a la señora Jennings; cuya duración, aunque nunca fijada con exactitud, todos esperaban que comprendiera al menos cinco o seis semanas.

Una variedad de ocupaciones, de objetos y de compañía, que no se podían conseguir en Barton, serían inevitables allí y aún podrían, eso esperaba, engañar a Marianne, a veces, haciéndole tomar cierto interés más allá de sí misma, y tal vez incluso divertirla, por mucho que ahora pudiera desdeñar ambas ideas.

De todo peligro de volver a ver a Willoughby, su madre la consideraba al menos tan a salvo en la ciudad como en el campo, puesto que su conocimiento debía ahora ser abandonado por todos los que se hacían llamar sus amigos. La maquinación jamás podría cruzarlos en el camino del otro; el descuido nunca podría dejarlos expuestos a una sorpresa; y el azar tenía menos probabilidades a su favor en la multitud de Londres que incluso

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