—Bueno, pues un día o dos más, tal vez; pero no puedo quedarme aquí mucho tiempo, no puedo quedarme para soportar las preguntas y comentarios de toda esta gente. Los Middleton y los Palmer... ¿cómo voy a soportar su compasión? ¡La compasión de una mujer como lady Middleton! ¡Oh, qué diría él de eso!
Elinor le aconsejó que volviera a acostarse, y por un momento ella lo hizo; pero ninguna postura lograba aliviarla; y en un dolor inquieto de mente y cuerpo se movía de una postura a otra, hasta que, volviéndose cada vez más histérica, su hermana apenas podía mantenerla en la cama, y por un momento temió verse obligada a pedir ayuda.
Unas gotas de lavanda, sin embargo, que al fin logró persuadirla de tomar, surtieron efecto; y desde entonces hasta que regresó la señora Jennings, permaneció en la cama quieta e inmóvil.