Elinor no le hizo caso a esto; y dirigiendo su atención hacia el visitante, se esforzó por mantener algo parecido a una conversación con él, hablándole de su actual residencia, sus comodidades, etc., arrancándole ocasionales preguntas y comentarios.
Su frialdad y reserva la mortificaron profundamente; estaba disgustada y medio enojada; pero resuelta a regular su comportamiento hacia él guiándose por el pasado más que por el presente, evitó cualquier apariencia de resentimiento o desagrado, y lo trató como pensaba que debía ser tratado por la conexión familiar.