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nydus/Sense and SensibilityPublic
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Capítulo X

garantía de que no admira a Pope más de lo apropiado. Pero ¿cómo va a mantenerse vuestra relación por mucho tiempo, con semejante despacho extraordinario de todos los temas de conversación? Pronto habréis agotado vuestros temas favoritos. Otro encuentro bastará para explicar sus opiniones sobre la belleza pintoresca y las segundas nupcias, y entonces ya no os quedará nada más que preguntar.

—Elinor —exclamó Marianne—, ¿es esto justo? ¿Es esto equitativo? ¿Son tan estrechas mis ideas? Pero ya veo a qué te refieres. He estado demasiado a mis anchas, demasiado feliz, demasiado franca. He pecado contra toda noción común de decoro; he sido abierta y sincera donde debería haber sido reservada, apática, sosa y mentirosa; si solo hubiera hablado del tiempo y de los caminos, y solo hubiera abierto la boca una vez cada diez minutos, me habría ahorrado este reproche.

—Amor mío —dijo su madre—, no debes ofenderte con Elinor; solo estaba bromeando. Yo misma la regañaría si fuera capaz de desear cohibir el placer de tu conversación con nuestro nuevo amigo.

Marianne se ablandó en un instante.

Willoughby, por su parte, dio todas las muestras posibles del agrado que le producía su conocimiento, con el evidente deseo de profundizarlo. Venía a verlas todos los días. Preguntar por Marianne fue al principio su excusa; pero el estímulo de su recibimiento, al que cada día dotaba de mayor afecto, hizo que tal excusa fuera innecesaria antes de haber dejado de ser posible gracias a la total recuperación de Marianne. Estuvo confinada en la casa durante unos días; pero jamás confinamiento alguno resultó menos tedioso. Willoughby era un joven de buenas facultades, imaginación vivaz, espíritu alegre y modales francos y afectuosos. Estaba hecho exactamente

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