incurrieron en su disfavor, algunos fueron castigados; a otros se les marcó el nombre con una nota de infamia. A la mayoría se limitó a amonestarlos, pero no en los mismos términos. El modo más suave de reprensión consistía en entregarles unas tablillas 180, cuyo contenido, reservado para ellos solos, debían leer en el acto. A algunos los degradó por tomar dinero prestado a bajo interés y volverlo a prestar obteniendo un lucro usurero.
XL. En la elección de tribunos del pueblo, si no había un número suficiente de candidatos senatoriales, nombraba a otros del orden ecuestre, concediéndoles la libertad, al expirar su cargo, de continuar en el que quisieran de los dos órdenes. Como la mayoría de los caballeros habían visto muy reducidas sus haciendas a causa de las guerras civiles y, por consiguiente, no se atrevían a sentarse a presenciar los juegos públicos en el teatro en los asientos reservados a su orden, por miedo a la penalización prevista por la ley en tal caso, decretó que nadie estuviera