se expresó con amarga acritud sobre él, no castigó la ofensa más que poniéndole grilletes. Cuando su administrador, Diomedes, lo abandonó a merced de un jabalí que los atacó de improviso mientras paseaban juntos, lo consideró más un acto de cobardía que una falta a su deber; y convirtió un incidente de no pequeño peligro en una broma, dado que no había malicia en la conducta de su administrador. Hizo dar muerte a Próculo, uno de sus libertos más favorecidos, por mantener relaciones criminales con las mujeres ajenas. Quebró las piernas de su secretario Talo por aceptar un soborno de quinientos denarios para revelar el contenido de una de sus cartas. Y habiendo aprovechado el preceptor y otros acompañantes de su hijo Cayo su enfermedad y su muerte para dar rienda suelta a su insolencia y rapacidad en la provincia que este gobernaba, mandó que les ataran pesadas cargas al cuello y los arrojaran a un río.
LXVIII. En su primera juventud recayeron sobre él varias injurias de carácter infame. Sexto Pompeyo le reprochó ser un hombre afeminado; y Marco Antonio, haber obtenido la adopción de su tío mediante la prostitución. Lucio Antonio, hermano a su vez de Marco, lo acusa de haber sido mancillado por César; y de que, a cambio de una gratificación de trescientos mil sestercios, se había entregado a Aulo Hircio de la misma manera en Hispania; añadiendo que solía chamuscarse las piernas con cáscaras de nuez quemadas para hacer el vello más suave 207. Es más, la concurrencia entera del pueblo, en unos juegos públicos celebrados en el teatro, al recitarse el siguiente verso que aludía al sacerdote galo de la madre de los dioses 208, que tocaba un tambor 209,
Videsne ut cinaedus orbem digito temperet?
> See with his orb the wanton’s finger play!