Codal
nydus/The Lives of the Twelve CaesarsPublic
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I. Domiciano

XIX.

He so shrunk from undergoing fatigue, that he scarcely ever walked through the city on foot. In his (496) expeditions and on a march, he seldom rode on horse-back; but was generally carried in a litter.

He had no inclination for the exercise of arms, but was very expert in the use of the bow. Many persons have seen him often kill a hundred wild animals, of various kinds, at his Alban retreat, and fix his arrows in their heads with such dexterity, that he could, in two shots, plant them, like a pair of horns, in each.

He would sometimes direct his arrows against the hand of a boy standing at a distance, and expanded as a mark, with such precision, that they all passed between the boy’s fingers, without hurting him.

XX. Al principio de su reinado, abandonó el estudio de las artes liberales, aunque se ocupó de restaurar, a un costo enorme, las bibliotecas que se habían quemado; recopilando manuscritos de todas partes y enviando copistas a Alejandría, ya fuera para copiarlos o corregirlos.

Sin embargo, nunca se tomó la molestia de leer historia o poesía, ni de empuñar la pluma ni siquiera para sus asuntos privados. No leía otra cosa que los Comentarios y las Actas de Tiberio César. Sus cartas, discursos y edictos se los redactaban siempre otros; aunque sabía conversar con elegancia y a veces se expresaba con sentencias memorables.

«Desearía —dijo en cierta ocasión— ser tan apuesto como Metio se cree a sí mismo».

Y de la cabeza de alguien cuyo cabello era en parte rojizo y en parte gris, dijo «que era nieve rociada con hidromiel».

XXI. «La suerte de los príncipes», comentaba, «es muy desgraciada, pues nadie les cree cuando descubren una conspiración, hasta que son asesinados».

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