dispuesto a perderlas? Porque Roma aspira al dominio universal, ¿deben los hombres por ello resignarse ciegamente a la subyeción? Me opuse durante mucho tiempo al progreso de vuestras armas y, de haber actuado de otro modo, ¿habrían tenido ustedes la gloria de la conquista, o yo la de una valiente resistencia? Estoy ahora en su (335) poder: si usted está decidido a vengarse, mi suerte pronto será olvidada, y usted no obtendrá ningún honor de tal acto. Conserve mi vida, y permaneceré hasta las edades más remotas como un monumento de su clemencia”.
Inmediatamente después de este discurso, Claudio le concedió la libertad, tal como hizo asimismo con los demás cautivos reales. Todos le dieron las gracias de la manera más agradecida al emperador; y tan pronto como les quitaron las cadenas, caminando hacia Agripina, que estaba sentada en un estrado a poca distancia, le repitieron a ella las mismas fervientes declaraciones de gratitud y estima.