Muriendo también Agripa, pensó durante mucho tiempo en varios enlaces para Julia incluso dentro del orden ecuestre, y finalmente resolvió elegir a Tiberio, su hijastro; y le obligó a separarse de su esposa, que por entonces estaba embarazada y ya le había dado un hijo. Marco Antonio escribe: «Que primero prometió a Julia a su propio hijo, y después a Cotisón, rey de los getas, pidiendo al mismo tiempo la hija del rey en matrimonio para sí mismo».
(118) LXIV. De Agripina y Julia tuvo tres nietos: Cayo, Lucio y Agripa; y dos nietas: Julia y Agripinila. A Julia la casó con Lucio Paulo, hijo del censor, y a Agripina con Germánico, nieto de su hermana.
A Cayo y a Lucio los adoptó en su propia casa mediante el rito de la compra 202 a su padre, los elevó, siendo aún muy jóvenes, a cargos públicos y, cuando ya eran cónsules designados, los envió a visitar las provincias y los ejércitos.
En la educación de su hija y de sus nietas, las acostumbró a las labores domésticas, e incluso a hilar, y les impuso la norma de decir y hacer todo abiertamente ante la familia, para que pudiera quedar registrado en el diario. Les prohibió tan estrictamente todo trato con extraños que una vez le escribió una carta a Lucio Vinicio, un joven apuesto y de buena familia, en la que le decía: «No te has portado con mucha modestia al ir a visitar a mi hija a Bayas».
Él mismo solía instruir a sus nietos en la lectura, la natación y los demás rudimentos del saber, y no se esmeraba en nada tanto como en perfeccionar en ellos la imitación de su letra. Jamás cenaba sin tenerlos sentados a los pies de su lecho, ni viajaba nunca sin llevarlos en el carruaje delante de él o a su lado a caballo.
LXV. Pero en medio de toda su dicha y sus esperanzas en su numerosa y bien ordenada familia, su fortuna le falló.