Al principio debatieron entre sí si debían atacarle en el Campo de Marte cuando estuviera tomando los votos de las tribus, y algunos de ellos le arrojarían desde el puente, mientras que otros estarían listos para apuñalarle a su caída; o bien en la Vía Sacra, o a la entrada del teatro. Pero después de que se hubiera dado aviso público mediante proclamación para que el senado se reuniera en los idus de marzo [15 de marzo], en la curia construida por Pompeyo, aprobaron tanto el tiempo como el lugar, por ser los más adecuados para su propósito.
LXXXI. César recibió avisos de su destino mediante indubitables (50) presagios.
Pocos meses antes, cuando los colonos establecidos en Capua en virtud de la ley Julia demolían unos sepulcros antiguos para construir casas de campo, y ponían tanto mayor empeño en la obra cuanto que descubrieron ciertos vasos de labor antigua, se encontró en una tumba una tablilla de bronce en la que se decía que estaba enterrado Capis, el fundador de Capua, con una inscripción en lengua griega del tenor siguiente: «Cuando los huesos de Capys sean descubiertos, un descendiente de Julo será asesinado por las manos de sus parientes, y su muerte será vengada con desastres terribles en toda Italia». Para que nadie considerara esta anécdota como una invención fabulosa o necia, se divulgó bajo la autoridad de Cayo Balbo, amigo íntimo de César.
Unos días también antes de su muerte, se le informó que los caballos que, al cruzar el Rubicón, había consagrado y dejado en libertad para que pastaran sin cuidador, se abstenían por completo de comer y derramaban arroyos de lágrimas. El arúspice Espurina, al observar ciertos indicios portentosos en un sacrificio que estaba ofreciendo, le aconsejó que se cuidara de algún peligro que amenazaba con sobrevenirle antes de que pasaran los idus de marzo.