luz con tanta animosidad contra él, que algunos consideraron este incidente como una de las causas de su retirada, si no el motivo principal de ella. En los (224) años que ella vivió durante su retiro, él la vio una sola vez, y eso apenas por unas pocas horas. Cuando ella enfermó poco después, a él le tuvo sin cuidado visitarla en su lecho de enfermedad; y cuando murió, tras haber prometido asistir a su funeral, aplazó su llegada varios días, de modo que el cadáver ya estaba corrompido y putrefacto antes de la sepultura; y luego prohibió que se le rindieran honores divinos, pretextando que obraba conforme a los propios deseos de ella. Asimismo anuló su testamento y en poco tiempo arruinó a todos sus amigos y conocidos; ni siquiera perdonó a aquellos a quienes, en su lecho de muerte, ella había encomendado el cuidado de su funeral, sino que condenó a uno de ellos, un hombre de rango ecuestre, a la rueda de molino. 352
LII. No alimentó ningún afecto paternal ni hacia su propio hijo Druso, ni hacia su hijo adoptivo Germánico. Ofendido por los vicios del primero, que era de carácter desenvuelto y llevaba una vida disoluta, su muerte no le