su nombre. Como herederos sustitutos figuraban Druso, hijo de Tiberio, por un tercio, y Germánico con sus tres hijos por el resto. En tercer lugar, a falta de ellos, nombró a sus parientes y a varios amigos. Dejó en legados al pueblo romano cuarenta millones de sestercios; a las tribus, 263 tres millones quinientos mil; a las tropas pretorianas, mil a cada hombre; a las cohortes urbanas, quinientos; y a las legiones y soldados, trescientos a cada uno; sumas todas que ordenó pagar inmediatamente después de su muerte, habiendo tomado las precauciones necesarias para que el dinero estuviera listo en su tesoro. Para lo demás, ordenó diferentes plazos de pago. En algunos de sus legados llegó hasta los veinte mil sestercios, para cuyo pago concedió un plazo de doce meses; alegando para esta dilación la escasez de su patrimonio, y declarando que no llegarían a sus herederos más de ciento cincuenta millones de sestercios, a pesar de que durante los veinte años precedentes había recibido en legados de sus amigos la suma de mil cuatrocientos millones; casi la totalidad de la cual, junto con sus dos patrimonios paternos 264 y otros que le habían sido legados, los había gastado en servicio del Estado. Dejó ordenado que las dos Julias, su hija y su nieta, si algo les sucedía, no fuesen enterradas en su tumba 265. Respecto a los tres codicilios antes mencionados, en uno de ellos dio instrucciones sobre su funeral; otro contenía un resumen de sus actos, que deseaba fuesen grabados en planchas de bronce y colocados ante su mausoleo; en el tercero había redactado una relación concisa del estado del imperio: el número de tropas alistadas, el dinero que había en el tesoro, las rentas y los atrasos de impuestos; a lo cual añadió los nombres de los libertos y esclavos a quienes se les podía pedir cada una de las cuentas.
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