escritura, que pasaría por garabato de niño a menos que uno casualmente tuviera la clave para descifrarla. Bien, Elsie aprendió algunas de nuestras costumbres, pero no soportaba el negocio, y tenía algo de dinero honrado propio, así que se nos escapó a todos y se largó a Londres. Había estado prometida conmigo, y se habría casado conmigo, según creo, si yo hubiera cambiado de profesión, pero no quería saber nada de cosas ilegales. Solo después de su matrimonio con este inglés pude averiguar dónde estaba. Le escribí, pero no obtuve respuesta. Después de eso vine para acá y, como las cartas no servían de nada, puse mis mensajes donde ella pudiera leerlos.
“Bueno, ya llevo aquí un mes. Viví en esa granja, donde tenía una habitación abajo, y podía entrar y salir todas las noches sin que nadie se enterara. Hice todo lo posible para convencer a Elsie de que se fuera. Sabía que leía los mensajes, porque una vez escribió una respuesta debajo de uno de ellos. Entonces perdí los estribos y empecé a amenazarla. Me mandó una carta entonces, suplicándome que me fuera y diciéndome que se le rompería el corazón si algún escándalo afectaba a su marido. Dijo que bajaría cuando su marido estuviera dormido, a las tres de la mañana, y hablaría conmigo a través de la ventana del fondo, si yo me iba después y la dejaba en paz. Bajó y trajo dinero consigo, intentandosobornarme para que me fuera. Esto me enloqueció, la agarré del brazo y traté de sacarla a través de la ventana. En ese momento irrumpió el marido con el revólver en la mano. Elsie se había desplomado en el suelo y estábamos cara a cara. Yo también iba armado, y levanté mi pistola para asustarlo y que me dejara escapar. Disparó y me falló. Disparé casi al mismo instante, y él cayó al suelo. Huí a través del jardín, y al marcharme oí cómo se cerraba la ventana a mis espaldas. Esa es la pura verdad, caballeros, cada una de sus palabras, y no supe nada más del asunto hasta que ese muchacho vino a caballo con