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nydus/The Return of Sherlock HolmesPublic
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La aventura de los hombres danzantes

Holmes levantó el papel de modo que la luz del sol incidiera de lleno sobre él. Era una página arrancada de un cuaderno. Los trazos estaban hechos a lápiz y decían así:

Holmes lo examinó durante un buen rato y luego, doblándolo con cuidado, lo guardó en su cartera.

—Este promete ser un caso la mar de interesante e inusual —dijo—. En su carta me dio algunos detalles, señor Hilton Cubitt, pero le agradecería mucho que tuviera la amabilidad de repasarlo todo de nuevo para beneficio de mi amigo, el doctor Watson.

—No soy muy buen narrador —dijo nuestro visitante, abriendo y cerrando nerviosamente sus manos grandes y fuertes—. Me preguntará cualquier cosa que no deje clara. Empezaré por la época de mi matrimonio el año pasado, pero quiero decir antes que nada que, aunque no soy un hombre rico, los míos han estado en Riding Thorpe desde hace cosa de cinco siglos, y no hay familia más conocida en el condado de Norfolk. El año pasado vine a Londres para el Jubileo y me alojé en una pensión en Russell Square, porque Parker, el vicario de nuestra parroquia, se hospedaba en ella. Había allí una joven estadounidense —su apellido era Patrick—, Elsie Patrick. De algún modo nos hicimos amigos, hasta que, antes de cumplirse mi mes, estaba tan enamorado como un hombre puede estarlo. Nos casamos discretamente en el registro civil y regresamos a Norfolk como marido y mujer. Le parecerá una locura, señor Holmes, que un hombre de una vieja y buena familia se case con una esposa de este modo, sin saber nada de su pasado ni de los suyos, pero si la viera y la conociera, le ayudaría a comprenderlo.

«Era muy sincera al respecto, Elsie. No puedo decir que no me diera todas las oportunidades para echarme atrás si así lo deseaba. > “He tenido algunas asociaciones muy desagradables en mi vida —dijo ella—, y desearía olvidarlo todo por

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