forma pueda adoptar. Es un error capital teorizar antes de disponer de los hechos. Quédese usted de guardia, mi buen Watson, y reciba a cualquier nuevo visitante. Me reuniré con usted a la hora del almuerzo si me es posible”.
Todo ese día, y el siguiente, y el otro, Holmes estuvo en un estado de ánimo que sus amigos habrían tachado de taciturno, y otros de moroso. Entraba y salía corriendo, fumaba incesantemente, tocaba fragmentos en su violín, se hundía en ensoñaciones, devoraba sándwiches a horas irregulares y apenas respondía a las preguntas casuales que le hacía. Era evidente para mí que las cosas no marchaban bien para él ni para su búsqueda. No decía nada sobre el caso, y fue por los periódicos como me enteré de los pormenores de la investigación judicial, y de la detención con la posterior puesta en libertad de John Mitton, el ayuda de