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nydus/The Return of Sherlock HolmesPublic
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La aventura de Charles Augustus Milverton

delicado».

Milverton volvió a dejarse caer en su sillón.

—Estaba seguro de que lo verías de ese modo —ronroneó.

—Al mismo tiempo —continuó Holmes—, lady Eva no es una mujer adinerada. Le aseguro que dos mil libras mermarían considerablemente sus recursos, y que la suma que usted menciona está totalmente fuera de su alcance. Le ruego, por tanto, que modere sus pretensiones y que devuelva las cartas por la cantidad que indico, la cual es, se lo aseguro, la más alta que podrá obtener.

La sonrisa de Milverton se ensanchó y sus ojos brillaron con humor.

—Soy consciente de que lo que dice es verdad en cuanto a los recursos de la señora —dijo él—.

Al mismo tiempo, habrá de reconocer que la ocasión de la boda de una dama es un momento muy oportuno para que sus amigos y parientes hagan algún pequeño esfuerzo en su favor. Quizá duden sobre cuál sea un regalo de bodas aceptable. Permítame asegurarles que este pequeño paquete de cartas proporcionaría más alegría que todos los candelabros y mantequilleras de Londres.

—Es imposible —dijo Holmes.

—¡Válgame Dios, válgame Dios, qué desafortunado! —exclamó Milverton, sacando una voluminosa cartera. —No puedo dejar de pensar que las damas se aconsejan mal al no hacer un esfuerzo. ¡Mire esto! —Alzó una pequeña esquela con un escudo de armas en el sobre—. Eso pertenece a... bueno, tal vez no sea muy justo decir el nombre hasta mañana por la mañana. Pero para entonces estará en manos del esposo de la dama. Y todo porque ella no es capaz de reunir

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