instrumento y se lanzó a un relato detallado de sus desaventuras.
—Todo va mal, Watson; todo lo mal que puede ir. Puse buena cara ante Lestrade, pero, a fe mía, creo que por una vez el tipo va por el buen camino y nosotros por el equivocado. Todos mis instintos apuntan en una dirección y todos los hechos en la contraria, y mucho me temo que los jurados británicos aún no han alcanzado el grado de inteligencia necesario como para dar preferencia a mis teorías frente a los hechos de Lestrade.
“¿Fuiste a Blackheath?”
“Sí, Watson, fui allí, y descubrí muy rápidamente que el finado y lamentable Oldacre era un bribón de mucho cuidado. El padre estaba fuera en busca de su hijo. La madre estaba en casa: una personita de cabello crespo y ojos azules, sumida en un temblor de miedo e indignación. Por supuesto, no admitía ni la posibilidad de su culpabilidad. Pero tampoco quiso expresar sorpresa ni pesar por el destino de Oldacre. Por el contrario, habló de él con tanta amargura que, sin saberlo, estaba fortaleciendo considerablemente las sospechas de la policía porque, claro está, si su hijo le había oído hablar del hombre de aquel modo, eso le predisponía hacia el odio y la violencia. «Se parecía más a un simio maligno y astuto que a un ser humano —dijo ella—, y siempre fue así, desde que era joven».
—«¿Le conocía usted en aquella época? —dije yo.
“—Sí, le conocía bien; de hecho, fue un antiguo pretendiente mío. Gracias al cielo tuve la sensatez de rechazarlo y de casarme con un hombre mejor, aunque más pobre. Estaba comprometida con él, Mr. Holmes, cuando me enteré de la espantosa historia de cómo había soltado un gato en un aviario, y me horrorizó tanto su brutal crueldad que no quise saber nada más de él”.