de mí por la avenida de entrada hacia la Mansión. Crucé corriendo el brezal y espié a través de los árboles. A lo lejos alcanzaba a vislumbrar el viejo edificio gris con sus erizadas chimeneas Tudor, pero el camino transcurría por un espeso arbustedo y no volví a ver a mi hombre.
Sin embargo, me parecía que había hecho una mañana de bastante buen trabajo, y regresé a pie muy animado a Farnham.
El agente inmobiliario local no pudo decirme nada sobre Charlington Hall y me remitió a una conocida empresa en Pall Mall.
Me detuve allí de camino a casa y recibí un trato cortés por parte del representante.
No, no podía alquilar Charlington Hall para el verano. Llegaba un poco tarde. Se había alquilado hacía cosa de un mes. El nombre del inquilino era señor Williamson. Era un caballero respetable y de edad avanzada. El educado agente temía no poder decir más, ya que los asuntos de sus clientes no eran temas que pudiera discutir.