alta tiara de diamantes sobre su noble cabeza. Miré aquella nariz de delicadas curvas, las cejas marcadas, la boca recta y la barbilla firme que había debajo. Entonces me quedé sin aliento al leer el venerable título del gran noble y estadista de quien había sido esposa. Mis ojos se encontraron con los de Holmes, y este se llevó un dedo a los labios mientras nos alejábamos del
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La aventura de Charles Augustus Milverton
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