—Todavía no voy a depositar toda mi confianza en él. Pienso que nuestro próximo escenario de operaciones debe ser la compañía naviera de la línea Adelaida-Southampton, que está al final de Pall Mall, si mal no recuerdo. Hay una segunda línea de vapores que conecta Australia del Sur con Inglaterra, pero primero revisaremos la pieza mayor.
La tarjeta de Holmes entregada al gerente garantizó una atención inmediata, y tardó poco en obtener toda la información que necesitaba.
En junio del 95, solo uno de los barcos de su flota había llegado a puerto seguro. Era el Rock of Gibraltar, su barco más grande y mejor. Una consulta a la lista de pasajeros reveló que la señorita Fraser, de Adelaida, había hecho la travesía en él junto con su doncella.
El barco se encontraba ahora en algún lugar al sur del Canal de Suez, rumbo a Australia. Sus oficiales eran los mismos que en el 95, con una sola excepción. El primer oficial, el señor Jack Crocker, había sido ascendido a capitán y se haría cargo de su nuevo buque, el Bass Rock, que zarpaba en dos días desde Southampton. Vivía en Sydenham, pero era probable que pasara esa mañana a recibir instrucciones, si queríamos esperarlo.
No, el señor Holmes no tenía deseos de verle, pero le agradaría saber más sobre sus antecedentes y su carácter.
Su expediente era magnífico. No había un solo oficial en toda la flota que le hiciera sombra. En cuanto a su carácter, era confiable en el servicio, pero un tipo indomable y temerario fuera de la cubierta de su barco: impulsivo, excitable, pero leal, honesto y de buen corazón. Ese era el resumen de la información con la que Holmes salió de las oficinas de la compañía Adelaide-Southampton. Desde allí se dirigió a Scotland Yard, pero, en lugar de entrar, se quedó sentado en su carruaje con el ceño fruncido, perdido en hondas meditaciones. Por último, fue