ninguna complicación europea y que, con un poco de tacto y manejo por nuestra parte, nadie saldrá perjudicado en lo más mínimo por lo que bien pudo haber sido un incidente muy
Mi mente se llenó de admiración por este hombre extraordinario.
—¡Lo has resuelto! —exclamé.
—Tan tosco como eso no, Watson. Hay algunos puntos que siguen estando tan oscuros como siempre. Pero tenemos tanto, que será culpa nuestra si no conseguimos el resto. Iremos directamente a Whitehall Terrace y daremos fin al asunto.
Cuando llegamos a la residencia del secretario europeo, fue por lady Hilda Trelawney Hope por quien preguntó Sherlock Holmes. Nos hicieron pasar al salón del desayuno.
—¡Señor Holmes! —dijo la dama, con las mejillas sonrosadas por la indignación—. Esto es sin duda de lo más injusto y poco generoso por su parte. Deseaba, tal como le he explicado, mantener mi visita en secreto, no fuera a pensar mi esposo que me estaba entrometiendo en sus asuntos. Y, sin embargo, me compromete al venir aquí y demostrar así que existen relaciones comerciales entre nosotros.
—Desafortunadamente, señora, no me quedaba otra alternativa posible. Se me ha encomendado recuperar este documento de inmensa importancia. Por lo tanto, debo pedirle, señora, que tenga la amabilidad de ponérmelo en las manos.
La señora se puso en pie de un salto, con el color borrado por completo en un instante de su hermoso rostro. Sus ojos se vidriaron; vaciló; creí que iba a desmayarse. Luego, con un gran esfuerzo, se recuperó de la impresión, y un asombro y una indignación supremos desplazaron cualquier otra expresión de sus facciones.