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nydus/The Return of Sherlock HolmesPublic
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La aventura de los tres estudiantes

“Hoy, hacia las tres en punto, llegaron las pruebas de este artículo procedentes de la imprenta. El ejercicio consiste en medio capítulo de Tucídides. Tuve que leerlo con atención, ya que el texto debe ser absolutamente correcto. A las cuatro y media mi tarea aún no había concluido. Sin embargo, había prometido tomar el té en la habitación de un amigo, así que dejé las pruebas sobre mi escritorio. Estuve ausente poco más de una hora.

—Usted sabe, mister Holmes, que las puertas de nuestro colegio son dobles: una de bayiza verde por dentro y otra de roble macizo por fuera. Al acercarme a mi puerta exterior, me sorprendió ver una llave puesta en la cerradura. Por un instante imaginé que me había dejado la mía, pero al buscar en el bolsillo comprobé que la llevaba conmigo. La única copia que existía, hasta donde yo sé, era la de mi criado, Bannister, un hombre que ha cuidado de mi habitación durante diez años y cuya honradez está absolutamente por encima de toda sospecha. Comprobé que la llave era efectivamente la suya, que había entrado en mi habitación para ver si yo quería té y que, con gran descuido, se había dejado la llave puesta al salir. Su visita a mi estancia debió de producirse muy pocos minutos después de mi marcha. Su olvido respecto a la llave habría importado poco en cualquier otra ocasión, pero en este único día ha acarreado las consecuencias más deplorables.

“En el momento en que miré mi escritorio, me di cuenta de que alguien había hurgado entre mis papeles. La prueba estaba en tres tiras largas. Las había dejado todas juntas. Ahora, descubrí que una de ellas estaba tirada en el suelo, otra en la mesita auxiliar cerca de la ventana, y la tercera estaba donde la había dejado”.

Holmes se movió por primera vez.

—La primera página en el suelo, la segunda en la ventana, la tercera donde la dejaste —dijo él.

—Exactamente, mister Holmes. Me asombra. ¿Cómo ha podido saberlo?

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