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nydus/The Return of Sherlock HolmesPublic
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La aventura de los hombres danzantes

Holmes pensó por un momento, y luego una curiosa sonrisa cruzó su rostro.

—Ensilla un caballo, muchacho —dijo—. Deseo que lleves una nota a la granja de Elrige.

Sacó del bolsillo los distintos recortes de los hombrecillos danzarines. Con ellos delante, trabajó un buen rato en la mesa de estudio.

Finalmente le entregó una nota al muchacho, con instrucciones de ponerla en manos de la persona a quien iba dirigida y, sobre todo, de no responder a ninguna clase de preguntas que pudieran hacerle.

Vi el exterior de la nota, dirigida con caracteres desiguales e irregulares, muy distintos de la habitual y precisa letra de Holmes. Estaba destinada al señor Abe Slaney, Elrige’s Farm, East Ruston, Norfolk.

—Creo, inspector —comentó Holmes—, que haría bien en telegrafiar pidiendo una escolta, ya que, si mis cálculos resultan ser correctos, es posible que tenga que trasladar a la cárcel del condado a un prisionero particularmente peligroso. El muchacho que lleva esta nota sin duda podría enviar su telegrama. Si hay un tren de tarde hacia la ciudad, Watson, creo que haríamos bien en tomarlo, pues tengo pendiente de terminar un análisis químico de cierto interés, y esta investigación llega rápidamente a su fin.

Cuando el muchacho hubo partido con la nota, Sherlock Holmes dio sus instrucciones a los criados. Si algún visitante llamaba preguntando por la señora Hilton Cubitt, no debía dársele información alguna sobre su estado, sino que se le conduciría de inmediato al salón. Recalcó estos puntos con la mayor seriedad. Finalmente, abrió el camino hacia el salón, comentando que el asunto ya estaba fuera de nuestras manos y que debíamos hacer tiempo lo mejor posible hasta que pudiera verse lo que el destino nos tenía reservado.

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