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nydus/The Return of Sherlock HolmesPublic
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La aventura del constructor de Norwood

—Observe eso con su lupa, mister Holmes.

“Sí, lo estoy haciendo.”

“¿Es usted consciente de que no hay dos huellas dactilares iguales?”

—He oído algo al respecto.

—Bien, entonces, ¿quiere tener la amabilidad de comparar esa huella con esta impresión en cera del pulgar derecho del joven McFarlane, tomada por orden mía esta mañana?

Al acercar la impresión de cera a la mancha de sangre, no hizo falta una lupa para ver que ambas procedían indudablemente del mismo pulgar.

Era evidente para mí que nuestro desafortunado cliente estaba perdido.

—Eso es definitivo —dijo Lestrade.

—Sí, eso es definitivo —repetí involuntariamente.

—Es definitivo —dijo Holmes.

Algo en su tono me llamó la atención, y me volví para mirarlo.

Un cambio extraordinario se habia operado en su rostro. Se retorcía de júbilo interior. Sus dos ojos brillaban como estrellas. Me pareció que estaba haciendo denodados esfuerzos para contener un ataque convulsivo de risa.

—¡Válgame Dios! ¡Válgame Dios! —dijo por fin—. Vaya, vaya, ¿quién lo habría pensado? ¡Y qué engañosas pueden llegar a ser las apariencias, desde luego! ¡Un joven tan simpático a la vista! Es una lección para no fiarnos de nuestro propio juicio, ¿no es así, Lestrade?

—Sí, algunos de nosotros somos un poco demasiado proclives a creérnoslo todo, señor Holmes —dijo Lestrade—. La insolencia del

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